domingo, 12 de noviembre de 2017

"Mente en blanco"


Estas, a grosso modo, han sido las etapas de mi desarrollo socio-comunicativo para integrarme en la tribu: 

1º. Etapa Fantasma.
A esta etapa la etiquetaría como la "época horribilus" que ha transcurrido desde el inicio escolar a los 6 años hasta, hasta... realmente hasta no hace mucho. Yo diría que hasta los 40-45 años. Un periodo laaaarrgo, muy laaaargo. 
Qué me pasa y me pasaba en los encuentros sociales... pues algo tan angustiante como una sensación de tener la "mente en blanco" que no se cómo explicar para que sea comprendido en toda su extensión. En las situaciones sociales, no se me ocurre qué decir, ni qué hacer, pero en esa época era muy angustiante porque todavía no había creado estrategias compensatorias. No.. no era/no es que "no me atreva o atreviese" a hablar o a hacer algo en grupo, no era/no es una cuestión de timidez. Es y era, simple y dramáticamente, que NO SABÍA, "no se me ocurría" qué hacer ni qué decir. Mi mente no generaba -ni genera- esquemas socio-comunicativos espontáneos. Para que se entienda, sería algo así como tener el disco duro mental vacío. Si no tienes esquemas socio-comunicativos no puedes participar. Estas en "off".
Yo era la típica niña que estaba en la periferia del grupo. Yo estaba al lado de ellas, pero aún así no aprendí a llevar conversaciones, ni a "actuar" en sociedad. No las imitaba, ni me "contagie" de ellas para aprender a interactuar. No pensé (no se me "ocurrió") que podría "imitarlas" u "observarlas para aprender"... Yo, simplemente, estaba allí: sola, pululando como un fantasma alrededor de ellas. No desarrollé estrategias compensatorias... no sabía que eso podía existir ("las estrategias compensatorias"). ¡¡¡¡ojalá hubiese tenido algunas estrategias para "ir tirando" en el mundo social!!!!
Tener la "mente en blanco" estando en grupo es angustiante porque tu cuerpo también se queda en blanco, se paraliza y se van olvidando de tí... desapareces de la mente de los demás... Dejas de existir. 

2ª. Etapa Iniciación.
Tarde en el desarrollo empecé a usar algunas estrategias compensatorias simples, que me sacaban de un apuro, pero que... solo me servían para mantener unos escasos círculos comunicativos con los demás. Hacia los 35-40 años empecé a usar la estrategia del "Interrogatorio" al modo periodístico (qué, cómo, dónde, cuándo..). Era capaz de empezar interacciones ya que los inicios sociales son anticipables y tienen un patrón claro: cuando ves a una persona la tienes que saludar  ("hola, qué tal", etc.). El siguiente paso en la cadena interactiva también puede tener un patrón identificable que es "la puesta al día" ("cómo te va", "¿sigues trabajando en.....?"), pero después es cuando el patrón social es indescifrable para mí (*mirar la entrada "Barullo social"). Es cuando ya mi mente se queda sin recursos y vuelve a... quedarse en blanco. ¿Cómo hacen las personas para seguir conversaciones cuando lo importante ya está dicho?, ¿cómo tienen tantas cosas que decirse?, ¿cómo lo hacen, de dónde sacan las ideas?... 
... Al final... siempre volvía a ser un fantasma de nuevo.
En esta época, yo iba a los encuentros sociales esperanzada e ilusionada porque era capaz de iniciar y pensaba que practicando y practicando llegaría a integrarme "verdaderamente" en los grupos, pero no era así. Siempre llegaba a casa frustrada, enfadada, cansada sin saber muy bien porqué... Me culpaba a mí misma por ser aburrida, boba, insulsa, estúpida... una inepta social. 

3ª. Etapa Avanzada. 
En esta fase, a penas hace unos pocos años para acá, he ido desarrollando una serie de estrategias compensatorias usando la "Programación Mental" que me ayudan a parecer conectada en las conversaciones por más tiempo. Por tanto, puedo alargar mi participación en la "cháchara" social. Algunas de estas estrategias son: 

  • Los "Algoritmos mentales" para llevar conversaciones simples que consisten en identificar la palabra clave de la conversación del otro y hacer preguntas o comentarios relacionados. Yo pregunto y mientras el otro contesta voy preparando mentalmente la siguiente pregunta o comentario relacionado.
  • La estrategia de "Seguir el Hilo" que consiste en asentir lo que el otro dice simulando interés con el uso de emisiones enfáticas: "¡¡¡genial!!!, ¡¡¡que bien!!, ¡¡¡uhhhh!!!, ¡¡¡aha aha!!!, ¡¡¡no me digas!!!, ¡¡¡madre mía!!!. Esta estrategia me es útil con personas "habladoras", aquellas que como bien dice la palabra no paran de hablar de si mismas, de sus experiencias y que acaparan la conversación.
  • La Reformulación que consiste en decir lo mismo que el otro dice pero usando comentarios diferentes. Así, parece que estoy interesada y conectada en la conversación.
  • Los "Temas Programados". Si soy conocedora de alguna experiencia que le ha ocurrido al otro (un cambio de trabajo, un nieto nuevo en la familia, etc.), lo uso como estrategia para iniciar y mantener conversaciones con el otro a modo de "relleno". Partiendo de lo que les interesa a los otros puedo "llenar" por más tiempo los espacios sociales y evitar ser un fantasma. 
Analizando el tipo de intercambios comunicativos que establezco con los demás, me doy cuenta de que me enfoco al otro de forma pensada, pero no sentida y que.. no suelo compartir espontáneamente nada sobre mí. Por tanto, no hay un genuino intercambio socio-comunicativo o emocional. En realidad, mis intercambios sociales tienen un enfoque más "diplomático" que intersubjetivo y emocional.

(*) Diplomático: "que tiene un trato muy correcto y educado y dice las cosas de forma que no molesten."


4º. Etapa de Evitación y Selección.
Es lo que hago desde hace más o menos un año. Ahora no voy a encuentros sociales no deseados, ni siquiera aquellos que son de compromiso. No voy a las reuniones familiares de navidad, no voy a las bodas, no voy a los encuentros con familia. Puedo ir a visitar a familiares por poco tiempo y no en encuentros con mucha gente. Habrá gente que verá en ello un "retroceso". Yo lo vivo como una liberación. 
Por otro lado, ahora solo tengo encuentros esporádicos con personas que me parecen interesantes o con las que me apetece ver por alguna cuestión particular, generalmente, por trabajo. También puedo ir a visitar a personas a las que aprecio para saber cómo están. Una vez que ya me he puesto al día, no necesito alargar el encuentro social. 
En estos encuentros también tengo que usar esas estrategias compensatorias, pero como soy yo la que escojo con quién, esos encuentros suelen ser gratificantes mientras duran. Sigo siendo una "cenicienta social" (antigua entrada del blog que recomiendo que reviséis), pero ya puedo disfrutar de algunos encuentros sociales... aquellos que yo escojo.


Ahora...
Uso las estrategias compensatorias, la evitación y la selección según se me acomoda. Me siento como  una gran actriz que va mejorando sus habilidades escénicas. Aunque... hay días en los que me siento más suelta y otros en los que me sigue invadiendo el estado "fantasma". Cuando me invade el estado "fantasma" sigue siendo paralizante, pero procuro que sean las menos veces posibles.

En cualquier caso, mi iniciativa social al estilo "común" ha sido y sigue siendo nula. Ahora puedo establecer contactos esporádicos con personas y puedo disfrutar de esos encuentros, pero... no dejan de ser relaciones superficiales y orientadas a objetivos, aunque para mí es suficiente. 


miércoles, 1 de noviembre de 2017

Anécdotas de mi literalidad



Se me ha ocurrido hacer una entrada nueva con mis "boberías" :-), sobre como mi "Literalidad" e inflexibilidad mental puede ocasionar, a veces, momentos divertidos... divertidos porque  ahora me río de ellos. Antes me enfadaba porque pensaba que la gente era poco seria, que no tenía "tacto social" y que "no se ponían en mi lugar". Pensaba que los demás eran los errados... 

Ahora entiendo que me cuesta inferir según el contexto, que me tomo las cosas muy literales y que por mi rigidez tiendo a malinterpretar o a exagerar situaciones sin importancia. Algunas situaciones han sido divertidas y otras no tanto. Iré anotando esas situaciones para recordarlas y... reírme de ellas. :-)

24 de Noviembre del 2017:
Paseando con mi marido, escucho a unos obreros hablar en tono "fuerte" (no se como describirlo) y le digo a mi marido: "están discutiendo por ahí". Mi marido me rectifica: "están de broma" ¡¡¡¡!!!! ¿cómo?... No identifiqué la intención y..¿cómo puedo confundir tanto un tono de voz?... Pensé en cuantas veces me ha podido ocurrir y yo... no interpretarlo bien¡¡¡¡

31 de octubre del 2017:
Mi marido en la cocina me dice que por favor le encienda la luz. 
Yo estaba en el salón y le contesto que OK..
y... enciendo la luz del salón...
Él me recuerda que le encienda la luz y yo le replico que ya está encendida..
¡¡¡ayyy¡¡¡ no inferí que lo que me estaba pidiendo es que encendiera la luz de la cocina..
Y.. le digo: "es que me tendrías que haber dicho: "enciende la luz de la cocina"... si no no entiendo..

27 de Octubre del 2017:
Quedo a comer con una compañera y mi marido en un restaurante, pero nosotras llegamos antes que él. A la persona que nos atiende le digo si nos puede traer algo para tomar mientras esperamos a la tercera persona, pero  me contesta que no es posible, que no se puede demorar la demanda de la comida, que deberíamos pedir en ese momento. Me quedo un poco perpleja y no se qué contestar. La persona que nos atiende puntualiza, entonces, que "... siendo viernes pueden hacer una excepción". Inmediatamente llamo a mi marido para decirle que viniera ya a comer, que no nos dejaban esperarle. Mientras hablo con mi marido por teléfono, mi compañera me dice: "... no, no ha dicho eso". Me recuerda que también ha dicho que  "siendo viernes podía hacer una excepción", y me dice: "te lo tomas literal"... 
En mi mente la norma era que "si no se podía, no se podía" y no podía flexibilizar la excepción que nos proponían. No se si me lo tomé literal, lo que si me pasó es que me quedé enganchada con la primera explicación y en mi mente ya no cabía la puntualización. Sentí que estábamos transgrediendo una norma del restaurante y me sentí fatal.
9 de octubre del 2017:
Le digo a mi marido:"quiero un helado. ¿tú quieres?. Y, él me contesta: "no, yo quiero una pera"... Así que voy a la nevera y cojo un helado.
Cuando llego al salón, me dice: "¿y mi pera?". Yo, solo llevaba mi helado.
Le contesto:".... me tenías que haber dicho "tráeme una pera""... ¡¡¡que soy literal¡¡¡¡ ... así que he vuelto a la cocina a coger una pera para él...

Me llama mi marido para pedirme que compre algunas cosas. Según él, me dijo algo así: "coge una caja de latitas para los gatos y coca-cola".. Yo llegué a casa con tres latas y una coca-cola. Lo de la caja de las latas mi cerebro no lo proceso y, en relación a la coca-cola, yo escuche claramente: "trae coca-cola". Al llegar a casa, me dice -como mucha veces-: "Es que no te fijas. Es que no me atiendes". Todo eso de buen humor (si no se lía) y me puntualiza: "pero, no te das cuenta que siempre que compramos coca-cola cogemos un pack de dos"... La verdad es que tiene razón, pero como no me especificó cogí solo una... que es lo que escuché... no hice inferencias. 
El caso, es que estuve tentada de llamarle cuando estaba en el supermercado para asegurarme de que había entendido (asimilado) bien...


Hace unos años:
Me acuerdo hace unos años, cuando yo tendría unos 40 años que fui al entierro de un familiar de mi marido. El caso es que me acerqué a la mujer del difunto y le dije con cara sonriente: "¡¡que guapa vas vestida de negro!!!!"... claro, me di cuenta de la metedura de pata después... ¡¡glup¡¡¡¡¡¡ 
Me fije en el vestido (detalle), pero no lo contextualicé. 

¿Por qué me pasa eso?. 
Pues, no se. Según las teorías que conozco puede ser por una pobre coherencia central:
Mi cerebro solo procesa parte del mensaje y no todo.
Mi cerebro no infiere a partir del contexto inmediato.
Mi cerebro no infiere según las experiencias previas.
Mi cerebro se queda "enganchado" en la literalidad, en la inmediatez del momento.. 

Lo que está claro es que necesito que se me especifique todo de forma muy clara y concreta...


miércoles, 4 de octubre de 2017

Era una niña muy, muy buena (I)



Hoy me vienen recuerdos de la infancia. 

Cuando recuerdo mi infancia solo me vienen imágenes tristes, angustiosas. Hoy me vienen algunos recuerdos... recuerdos de temor, de incertidumbre, de parálisis por no comprender. 

Tras la apariencia de una niña buena, dócil, se escondía un ser angustiado por no entender.. NO ENTENDÍA NADA. El temor a la incertidumbre me paralizaba. En muchas ocasiones no sabía, no intuía lo que tenia que hacer si no me lo explicitaban claramente, incluso aquellas cosas que para otros niños podían ser muy obvias. En muchas ocasiones, me han tratado de "boba".  No sabia lo que tenía que hacer en muchas ocasiones y me limitaba a cumplir órdenes. Era como un robotito que ejecutaba lo que se me ordenaba de forma rígida. Acataba órdenes esperando las instrucciones externas para poder continuar. 

Me vienen recuerdos, como:

Si un adulto me decía: "quédate sentada", me quedaba enganchada a la silla esperando la siguiente instrucción... que no llegaba, o llegaba muy tarde. Mientras esperaba la orden, yo me quedaba sentada cual palo rígido sin saber que hacer allí, esperando, esperando, esperando eternamente. Creo que fui aprendiendo a leer señales del entorno: si todas las niñas se levantaban es que había que levantarse, si las niñas se dirigían hacia el patio, es que había que ir al patio. Yo no entendía las señales rápido, no las intuía. Creo que aprendí observando intentando descubrir patrones sociales... Algunos los conseguí descubrir, otros no. Todavía sigo intentando descubrir patrones sociales...

Recuerdo que era habitual que los niños y niñas hicieran volteretas en la barra del patio del colegio. Un día intenté copiar a los otros niños y hacer una voltereta, pero la persona que cuidaba a mi hermano y a mí, me dijo que no lo hiciera y.... nunca más lo volví a intentar. No transgredí la norma. Ahora se que es normal que los niños transgredan las normas cuando no les ven las figuras de crianza. A mí nunca se me hubiese ocurrido transgredir una norma. Creo que el concepto de transgresión no estaba en mi diccionario mental. 

Recuerdo otra ocasión en la que estando en casa, la mujer que nos cuidaba, entró en mi habitación, colocó mis muñecas en una estantería y me dijo que no las tocara y... yo... nunca las toqué. Me hubiese gustado cogerlas para peinarlas, vestirlas, pero como no transgredía las normas, nunca las cogí. Las miraba a distancia imaginándome peinándolas y vistiéndolas...

Sobre mentir... alguna vez dije una mentira para evitar alguna riña, pero el sentimiento de culpa era tan, tan, tan grande que me producía fiebre.... Mentir era otra transgresión que mi mente no toleraba, no aceptaba, era dolorosa. Creo que a los demás no les "duele" mentir.

Era una niña muy, muy buena... en mi cabeza no existía el concepto de transgresión. Pero eso no debía de ser bueno cuando generaba tanta tensión que me paraliza el cuerpo. Mi cuerpo estaba paralizado porque mi cerebro estaba apagado... no se le ocurría rebelarse, actuar, tomar decisiones, simplemente... no pensaba por si mismo. Necesitaba que otros pensaran por mí. Todavía sigo necesitando un cerebro externo que piense por mí en muchas situaciones... 

¡¡¡No, de verdad... no soy "tan funcional"!!!!.


domingo, 17 de septiembre de 2017

Soy "Monotemática"



En varias ocasiones, mi marido me ha comentado que soy "monotemática"; es decir, que tiendo a hablar sobre un tema y siempre el mismo. A él, sin embargo, le interesa una variedad de cosas e incluso las mías aunque claro, no con la misma intensidad que a mí. 

Debo de decir que no he sido verdaderamente consciente de ello hasta que varias personas me lo han hecho ver y he analizado mis intervenciones en las conversaciones con la gente. En estas circunstancias: o me quedo callada o hablo sobre las cosas que conozco, que son mis temas de interés. Mi versatilidad de temas de conversación es muy restringida. 

Como he comentado, no le he dado importancia a ello hasta que varias personas me lo han comentado ("siempre hablas de lo mismo") y eso me ha hecho pensar en la posibilidad de si puedo resultar "pesada" o "aburrida". 

La experiencia que me hizo pensar que de verdad podía ser "monotemática" fue cuando en una reunión social, una persona que yo consideraba "amiga" me dijo: "hoy es domingo y no voy a hablar de trabajo" dirigiéndose a mí y acto seguido se dirigió al grupo implicándose con ellos en temas banales. Entre ellos reían, decían bromas, comentaban sobre las vacaciones, sobre cosas cotidianas. De repente, oscurecí, enmudecí. Ese momento, supuso un "Despertar".  Sentí, de repente, que me alejaba de la humanidad, sentí un distanciamiento brutal y volví a vivir la invisibilidad. A partir de ese día, mi relación con esa "amiga" se ha ido difuminando... ¿para qué quedar con ella?, ¿de qué puedo hablar con ella?... 

La gente habla de cosas triviales, van cambiando de temas, incorporan bromas, cosas ingeniosas para provocar la risa, opinan sobre una variedad de temas (conociendo o sin conocer). Tienen hilo conversacional infinito. Pueden estar horas y horas hablando y ¡¡¡¡¡parece que les sale solo!!!! Todo eso se me escapa.

No suelo participar en conversaciones porque no tengo "opiniones" sobre las cosas triviales de las que hablan, pues no puedo opinar de las cosas que desconozco. Tampoco se me ocurren cosas ingeniosas que aportar al grupo, ni se de qué hablar que pueda ser interesante... Solo puedo hablar de lo que conozco, de lo que vivo y todo eso gira en torno a mi tema de interés... que no es compartido por el resto por lo que procuro no resultar pesada. Vuelvo a ocupar mi rol de "preguntadora" y de "escuchadora" pasiva... No participo en la mayoría de las conversaciones.

Consecuencias: cada vez me relaciono menos y tengo más soliloquios internos conmigo misma. 


miércoles, 23 de agosto de 2017

No soy mala...¡¡de verdad!!!, aunque, a veces, haga maldades.


Ayer, paseando, le conté una experiencia de juventud a mi marido que consideró muy "peculiar" y me sugirió hacer una entrada en el blog sobre ello. Así que os la cuento a vosotros... :-)

Siendo joven, no se.. con unos 16, 17 años, le "quité" el novio a una "amiga". El caso es que yo no me percaté de que había inclumplido una "norma social no escrita" hasta que esa "amiga" me llamó para recriminármelo... Entonces, fue como si despertara de un sueño y a modo de "tortazo vital" me percaté, de repente, que lo que yo había hecho estaba mal, muy mal, que no era una conducta apropiada. Me sentí tan, tan mal que, desde ese momento, de repente, deje de ver a ese chico sin darle explicaciones. 

Os cuento un poco la historia: 
Yo empecé a salir con un chico, le vamos a llamar Angel. En realidad, él me venía a buscar y nos veíamos. Creo que había una atracción física muy fuerte entre los dos (digo esto, porque creo que yo a él también le atraía). El caso, es que poco a poco los encuentros se hacían más frecuentes. Era entonces, cuando yo me empecé a sentir incómoda. Cuando nos veíamos de forma esporádica me sentía bien porque el esfuerzo social era superficial y podía aguantar (es mi explicación actual de la situación), pero cuando la relación empezó a ser más profunda, yo me bloqueé. Como ya he comentado en alguna ocasión... "no sabía que hacer con un "novio". El "intimar emocionalmente" era un terreno extraño para mí. Yo no sabía cómo hacer eso. Al final, nuestra relación se rompió "por mutuo acuerdo". Él me dijo algo así como que me consideraba una chica inteligente, misteriosa, pero poco cariñosa. Yo creo, sinceramente, que se aburría conmigo. Cuando la relación supuso un mayor compromiso socio-emocional empecé a quedarme bloqueada. No  sabía qué hacer, qué decir, no tomaba iniciativas sociales, nunca  le llamaba, ni mostraba preocupación....

En esas que por aquella época, yo iba con un grupo de chicas (¡¡¡siiii!!!, ¡¡¡de verdad!!!.. intenté meterme en grupos sociales) y a una de ellas, la vamos a llamar Lourdes le gustaba Ángel, ya incluso cuando salíamos juntos. Así que, cuando lo dejamos, al poco tiempo empezó una relación con él. Decir a su favor que ella tuvo la deferencia de comunicarme que estaba saliendo con Angel y que lo habían iniciado tras nuestra ruptura. Me lo dijo para que "yo lo supiera". Le dije que no me importaba, que no se preocupase, aunque en el fondo no negaré que me sentí dolida. Pero, con mi gran capacidad de autocontrol, asumí la situación. Un día, me encontré con Ángel y sin querer, llevados por el "líbido" del momento nos volvimos a re-encontrar. A partir de ese momento, nos empezamos a ver de nuevo de vez en cuando. Él era siempre el que me llamaba y yo accedía. (Podéis imaginar lo ingenua y vulnerable que he podido llegar a ser). El caso es que nos veíamos de vez en cuando mientras él -además- salía de forma "formal" con Lourdes. A mí, curiosamente, no me molestaba que fuera el "novio de la otra". Creo que nunca pensé en lo que eso significaba. Para mí era muy cómodo verle de vez en cuando sin las exigencias de salir en "formato novios". Nos veíamos, paseábamos, nos besábamos y esas cosas... y ya está. No había un compromiso emocional y eso me era fácil de llevar. 
Pero, llegó el momento en el que Lourdes -de una forma muy "calmada"- me llamó para decirme que se había enterado que estaba viéndome con Angel. Me dijo que se lo había dicho el "mejor amigo de él".... Y, como os digo, fue como un tortazo: 

  1. Me percaté, de repente, que había sido una arpía. Lo curioso del caso es que yo no lo hice con "maldad"... ¡¡¡me tenéis que creer!!!... es, sencillamente que NUNCA pensé en ella, en cómo lo estaría pasando. NUNCA me percaté de la consecuencias de mis acciones en ella, que supuestamente era una "amiga". Acto seguido sentí un gran sentimiento de culpabilidad y no volví a ver más a Ángel.. así del día a la noche.. sin explicaciones. Desapareció de mi vida. Nunca le contesté a las llamadas.
  2. Me sorprendió que fuese el "mejor amigo de Ángel" quien se lo dijese a Lourdes... fue otro golpe vital... "Los mejores amigos pueden ser infieles".... Me costó encajar esto. 

Fue una lección de vida.... una "terapia vivencial"

¡¡¡¡¡¡¡Las acciones de uno repercuten en la mente del otro¡¡¡¡¡¡¡¡
¡¡¡Puedes hacer mucho daño a los demás!!!!

No me di cuenta del "contexto social". No fui capaz de ver más allá de las acciones aisladas, de la situación vivida. Yo solo era consciente de que salía con él y que los momentos que compartíamos eran agradables. No vi, no pensé en nada más. Me quedé fijada en la inmediatez del momento, no inferí a nivel social las consecuencias de mis acciones. Tampoco juzgué si él era un posible acosador o un aprovechado o un desalmado. Simplemente, me gustaba pasar momentos -algunos momentos- con él. Tampoco me preocupé por los sentimientos de ella, no los pensé, no me percaté. 

Ahora me doy cuenta de mi ingenuidad, de mi "boba ingenuidad"y de mi "ingenua maldad". Por mi "boba ingenuidad" era una chica susceptible de ser acosada, utilizada y, por mi "ingenua maldad" podía ser susceptible de crearme enemistades profundas sin haber tenido intención en ello.

No soy mala... ¡¡¡de verdad!!!, aunque haga o diga algunas cosas inoportunas, muy inoportunas. Es que aprendo a base de "tortazos vitales". A partir de ellos voy comprendiendo...


sábado, 19 de agosto de 2017

"Por fuera" me veo "muy normal"


A veces, me siento tan "normal" que pienso que no, que no soy Asperger (ese fue el diagnóstico) y otras veces, no tengo dudas. Es extraño. Ayer le pregunté -de nuevo- a mi marido si él creía que yo era Asperger y sin pensarlo me dijo que si, que no tenía dudas. 

Lo curioso es que ahora yo me veo muy "normal":
  • Soy capaz de iniciar interacciones por un tiempo, aunque es cierto que sigo sin conseguir "intimar" con las personas. Sé que puedo resultar simpática o agradable, pero a pesar de ello, sigo sin tener amigos íntimos. Mis conductas sociales, cada vez, son más ajustadas al contexto si este es "amigable" y afín a mí, aunque me sigue agotando socializar, incluso, con la gente a la que aprecio. Ya no me relaciono con gente que me incomoda (demasiado chistosos, superficiales, gritones...) y no me siento mal por ello. Es un alivio.  Por fuera parezco "normal" porque me puedo relacionar  "superficialmente" bien por algún tiempo, pero por dentro sigo necesitando guionizar, proceso mental que resulta tedioso. Sigo sin conseguir "intimar" porque me agota socializar.
  • Soy más comunicativa pero, es cierto, tiendo a hablar de mis temas de interés. Cuando no lo hago suelo permanecer callada. Las conversaciones triviales me aburren y las siento como "tiempo perdido", aunque puedo ser capaz de manejarme en ellas de forma "pensada", pero no "sentida". Puedo escuchar a los demás si me interesa lo que me dicen y me muestro más receptiva, pero si hablan mucho y lo hacen de temas que no me interesan dejo de escuchar. Todavía, mis temas de interés social son muy limitados, pero he buscado formas alternativas para "aguantar" a la gente en reuniones sociales. En esas situaciones me entretengo observando, analizando y creando perfiles -a modo de criminólogo o antropólogo-. Eso me mantiene ocupada e interesada en las reuniones sociales. Le da sentido a las reuniones sociales. No me interesa tanto compartir experiencias, sino, investigar los grupos sociales. Me parece interesante. Es mi forma de estar físicamente en el grupo sin estarlo mentalmente. Por fuera parezco "normal" porque puedo simular interés, pero por dentro sigo sin sentir "complicidad".
  • Mi mente ha pasado de un rígido conformismo para evitar evidenciarme y cometer errores sociales, a una mente particular, a la que no le importa encajar. No tengo la necesidad de seguir a líderes, ni pertenecer a grupos. De echo, trabajo para mí porque sé que de otra forma sería imposible amoldarme a las exigencias y expectativas externas. Ya lo hice y los niveles de ansiedad fueron extremos. No pude soportarlo. El día que dejé (me despedí) de mi primer y único trabajo por cuenta ajena lo celebré. Era un trabajo relacionado con mi tema de interés, pero no conseguí amoldarme a las expectativas externas y a la imprevisibilidad. Por fuera parezco "normal" porque he acomodado el entorno  a mis intereses. No he  sido yo la que se ha acomodado al entorno. 
  • Siempre desee saber. Sentí, desde muy joven, una necesidad imperiosa por saber, pero a mi ritmo y según mis intereses. Eso, creo, me ha llevado a tener una mente "especialista". Mi monotropismo es intenso, pero invisible. Lo puedo ocultar a la vista de los demás. Es un monotropismo mental. No puedo desengancharme de mis soliloquios mentales durante todo el día. No recuerdo no pensar en otra cosa que no sea mi tema de interés. Cuando pienso en mi tema de interés, a veces, son pensamientos profundos y otras veces no, pero no hago otra cosa durante todo el día. No se cómo hace la gente para  ocupar la mente en varias cosas a la vez o para cambiar de pensamientos, ideas, contenidos mentales. Mi mente no puede. Mi monotropismo es invisible, pues, puedo estar simulando que estoy en una conversación trivial, pero mi mente va por otro lado. Realmente, no escucho, no puedo escuchar por mucho tiempo si lo que se me dice no me interesa. Por fuera parezco "normal" porque camuflo mi monotropismo. Solo unos pocos saben de él y se percatan.
  • Mi mente procesa lento, pero hago esfuerzos por agilizarla. Necesito traducir -de forma consciente- en dibujos (símbolos sintéticos) lo que se me dice para seguir todo el mensaje verbal de la otra persona, sobre todo, si este es largo. No es un proceso automático, instintivo, rápido, ágil. Es lento, pensado, deliberado, consciente, que requiere ser visualizado. También necesito explicarme mediante dibujos para expresar bien las ideas y que mi interlocutor me entienda. En las conversaciones triviales hago esfuerzos mentales por hacer una y otra cosa visualizándolo en mi mente, pero a veces, me pierdo en el limbo. El esfuerzo mental que me supone me llega a cansar y, a veces, desisto. Entonces, pongo cara de interés, pero no puedo almacenar toda la información y me pierdo. Por fuera parezco "normal" porque mi expresividad simula interés, pero por dentro estoy perdida. 
  • Ya no malinterpreto intenciones con tanta frecuencia. Ahora sé que tengo distorsiones cognitivas e intento detectarlas. Puedo darme cuenta de ellas a destiempo o cuando alguien me lo dice. Entonces, intento remediarlas. No me percato de las ironías si estas se me dicen de forma seria. No puedo leer con claridad la intención, pero me he dado cuenta que la gente que me las hace no tiene mala intención; así que acabo riéndome de mi misma.  Hace unos años me ofendía con facilidad ante una broma, ironía, doble sentido. Ahora lo "trivializo" y me río. Por fuera parezco "normal" porque ya no estallo o me bloqueo ante las situaciones que no comprendo bien, pero por dentro sigo siendo lenta en el procesamiento social ambiguo. Ahora intento analizar el contexto para comprender. Antes no sabía que había un "contexto", no sabía que las conductas tienen sentido dentro de un contexto más o menos evidente. Ahora me siento como un águila que observando desde lo alto ("desde fuera") intenta comprender la mente de los demás dentro del contexto.


¡¡¡¡A veces, me veo tan "normal"!!!

Mi expresividad y gestualidad ha mejorado y creo que no tengo "signos visibles" que me delaten: miro a los ojos, soy capaz de tocar a la otra persona para expresar interés, mi expresividad facial ya no es  seria. Ya no camino encorvada (en casa si), aunque sigo manteniendo los puños cerrados y mi cuerpo puede estar paralizado en situaciones sociales que no puedo seguir, pero estas son cada vez menos, pues no me obligo a relacionarme si no me apetece. Mi cuerpo, por tanto, está más relajado. 

"Me siento "normal" porque he normalizado o, mejor dicho, trivializado mis particularidades".

Me siento "normal"...
... porque ya no me siento culpable, 
... porque no me obligo a socializar, 
... porque me río de mi errores
... porque he buscado formas alternativas para darle sentido a lo social
... porque me apasiona mi mente y me obligo a detectar mis distorsiones 
     cognitivas para manejarlas.
...porque empiezo a quererme de verdad.



martes, 1 de agosto de 2017

Evitar conflictos o el arte de "escaparme" de ellos.


Por querer complacer a todo el mundo he procurado ser “políticamente correcta” y estar del lado de todos. Esa actitud puede haber sido entendida como “falta de personalidad”, pues he acabado asintiendo a todo lo que decían los demás sin replicar, sin opinar para evitar los conflictos. A día de hoy, el hecho de pensar en la posibilidad de una discusión airada me bloquea, me agota y me descompensa emocionalmente.

En muchas ocasiones no he expresado mis opiniones para evitar el conflicto. Nunca he sabido enfrentarme y reaccionar a las situaciones conflictivas. Mi mente trabaja lenta y no sabe resolver situaciones sociales conflictivas. Lo que he hecho hasta ahora ha sido huir.

Ante las situaciones que no he sabido manejar.. no he hecho nada. He abandonado.

Con las personas me ha pasado igual. Cuando alguna persona me ha defraudado, o cuando me he sentido incomoda por alguna razón, simplemente, he desaparecido sin despedirme. No por mala educación, sino por el bloqueo que me suponía enfrentarme a esas personas y situaciones. Pensar en enfrentarme a ello me producía fiebre, mutismo y parálisis. He dejado de ver personas de un día a otro sin más. Así de tajante por no saber enfrentarme.

Ahora estoy aprendiendo a flexibilizar mi mente. Ya no huyo en todas las ocasiones. A veces, me he enfrentado a las situaciones conflictivas. En esas ocasiones, uso mi máscara. Ella me ayuda a enfrentarme a esas situaciones incómodas.

Ahora quiero expresar mis opiniones, sin que me importe lo que los demás vayan a pensar, pero eso si... cuidando las formas, pues las situaciones tensas, las palabras soeces, los conflictos me siguen desregulando, alterando emocionalmente de forma intensa. Trabajaré en la forma de expresar mi YO, mis ideas, mis necesidades, mis opiniones... pero las quiero expresar. Ya no me siento culpable si alguien se ofende si no tengo intención de ofender -Yo no tengo la intención intencionada de ofender-, solo de expresar ideas personales. Creo que eso no debe hacerme sentir culpable. Creo que no debe hacer sentir culpable a nadie.