lunes, 19 de febrero de 2018

Qué es eso de "Guionizar".



Esto es algo que siempre he hecho. Recuerdo siendo joven e irme pronto a la cama para, en la oscuridad de la habitación, guionizar encuentros sociales inminentes... Más que guiones estáticos o listados de acciones eran como películas que mi mente creaba para hacer simulaciones de las situaciones sociales a las que me tenía que enfrentar. En esas "películas mentales" simulaba lo que tenía que decir, cómo debía de hablar, como mirar, como sonreír. Simulaba un Plan A, un plan B... y reproducía en mi imaginación esta película que mi cerebro creaba a modo de simulación "virtual" en 3D a modo "bucle", una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez... Podía estar horas -en realidad, perdía la noción del tiempo- guionizando y guionizando una y otra vez. Cabe decir que no era algo fastidioso o molesto; ya que en mis guiones yo era exitosa y era reconfortante ver que en mi imaginación podía ser todo aquello que no era en la realidad.

He usado las Guionizaciones mentales durante mucho tiempo y las sigo usando cuando tengo que socializar.

Ejemplo de Guionización:

"Ayer, salgo de casa para ir al trabajo y en el camino, a lo lejos, veo que se acerca una vecina. Me digo a mi misma: "tengo tiempo de pensar un saludo" y mentalmente voy ensayando: "Hola, Rosita, buen día". También ensayo mentalmente la sonrisa que voy a poner al saludarla... Repito este esquema a modo de "bucle" durante todo el trayecto para que no se me olvide y no me enganche cuando me la encuentre cara a cara. Al acercarme, ella encuentra en el camino a otra persona y se para a hablar con ella. Yo paso por su lado y le digo -sin apenas mirarla y en tono bajo- algo parecido a un "buenas" que no es correspondido. Ella sigue hablando con la otra persona. Entonces, siento que he estado hablando sola como un "fantasma". En otro momento me hubiese dado como una especie de escalofrío por la situación marciana. Ahora me fui hacia el trabajo riendome de mí misma. ¡¡¡ayy¡¡¡ ni siquiera dije lo que había ensayado mentalmente....

Analizando retrospectivamente la situación y mi "actuación"... considero que he sido una "pésima actriz". Mis señales de saludo fueron tan sutiles que ella -seguramente- ni las vio, ni se percató de mi presencia; así que todo el ensayo mental previo no sirvió para nada, no fue del todo ajustado... tendría que haber ensayado la intensidad del tono de voz. ¡¡Tendré que mejorar mis ensayos mentales!!!. 

Si ella no hubiese encontrado a alguien en el camino, inevitablemente, nos hubiésemos encontrado cara a cara y aunque mi señal hubiese sido leve.. habría habido cierta señal que ella habría "visto"; pero al estar ella distraída -ocupada- charlando animadamente con otra persona, mi presencia y mi saludo cayó en la invisibilidad para ella... Eso mismo me pasaba en los grupos de pequeña.. mis señales comunicativas era invisibles para los demás, pero es que yo no sabía como "hacerme visible". Siendo honesta, no era culpa de los demás... era que yo no sabía "resaltar" mis conductas comunicativas.. para que las demás -por lo menos- las vieran ¡¡¡¡!!!!"

(Publicado en la página del Facebook "Háblame de las Mariposas", el 11 de Enero del 2018)


Si en una situación tan trivial y cotidiana tengo que guionizar un simple saludo, imaginaros lo que tiene que ser guionizar una conversación, lo que tiene que ser guionizar una conversación en grupo, lo que tiene que ser guionizar encuentros sociales de más de dos, tres, cinco, siete horas.... ¿os lo podéis imaginar?

Lo peor de todo, todísimo: 
Guionizar una conversación en vivo y en directo...

¿Cómo guionizar en la espontaniedad del momento?. Es lo más difícil. En esos momentos intento pensar rápido en respuestas, en inicios sociales, en llevar el hilo conversacional y... ¡¡¡que complicado!!!. He adquirido cierta habilidad camuflada para seguir conversaciones "pensadas", "planificadas", pero es muy agotador. Se trata de "pensar antes de hablar". Así, mientras la otra persona habla yo ya voy preparando mi respuesta y eso intentando no perder el hilo de lo que está diciendo la otra persona. A veces, como necesito unos segundos para pensar y contestar, me ocurre que cuando ya he planificado una contestación y la doy, mi interlocutor ya ha cambiado de tema...¡¡¡glup¡¡¡ Antes me sentía ridícula. Ahora me río de mi misma.

Guionizar para mostrar interés y preocupación por el otro.

Tras hablar con expertos me di cuenta de mi pobre reciprocidad social, sobre todo, con las personas más allegadas a mí: mi marido e hija. Me percaté, a modo de "bofetón vital" que nunca les preguntaba sobre cómo estaban, sobre como les había ido el día; en general, sobre SUS VIDAS. ¡¡¡¡No se me había ocurrido preguntar¡¡¡¡¡ Eso no me sale espontáneo. Al darme cuenta de ello, decidí ACORDARME de ellos y al salir del trabajo, muchos días -cuando me acuerdo- guionizo mentalmente a modo de bucle fonológico: "me voy a acercar a mi hija y le voy a preguntar cómo le ha ido"... así desde que salgo del trabajo hasta que me encuentro con ella. Si no hago consciente ese pensamiento, esa autodestrucción, mi mente se llena de otras cosas y.... "se le olvida de preguntar", de mostrar interés... Debo de forzarme en mostrar preocupación por los otros para que los otros sientan que "pienso en ellos". Siento que debo de hacerlo porque se lo merecen, porque lo necesitan. Lo se, pero no me sale espontáneo. Se que puede parecer una maldad por mi parte; pero, de verdad, no soy mala. Simplemente: mi mente se llena en sus cosas y se olvida de las personas. 

A veces, me ocurre -esto es gracioso- que llego a casa y no saludo. Se me olvida saludar a las personas y, como si despertara de un sueño, me percato de ello después. Hay días que estando en el baño, en el silencio y oscuridad del baño (no enciendo la luz cuando voy al baño para hacer "mis necesidades")... es cuando me acuerdo de que... ¡¡¡¡no he dado un beso de saludo a mi marido!!!. Entonces, salgo y sin previo aviso se lo doy. A él le parece gracioso... Así, de repente...

Se me olvidan las personas porque mi mente se llena de otras cosas, de pensamientos: a veces, "rebobino lo pasado" para analizarlo; a veces, me meto en bucles de pensamiento por preocupaciones; a veces, enumero el trabajo pendiente; a veces, rememoro lo que alguien me dijo; a veces, me implico en mis teorizaciones mentales... ¡¡¡uuuffff¡¡¡¡¡

Guionizar es hacer consciente lo que a otros les sale automático y ajustado.

sábado, 10 de febrero de 2018

No es "Suspicacia", es "Hipersensibilidad Emocional"


Lo que puede parecer una conducta de niña tonta que se aleja a modo de "rabieta" porque se ha sentido molesta por alguna cosa: un comentario, una mirada, una "no-mirada", un gesto, etc. en realidad, es una huida para recomponerse de las emociones intensas de frustración, de malestar.

Alejarse de las situaciones dolorosas, aunque sean por cosas "ridículas" para los demás deviene una forma de protección emocional. La emoción de frustración puede ser tan intensa y dolorosa que sugerencias del tipo: "no le des importancia", "no ves que te estas enfadando por una tontería" no tienen sentido porque digan lo que me digan yo seguiré sintiendo la emoción de frustración de forma intensa, intensa. No se puede hacer nada. Solo esperar a que pase.

Lo peor es la gente que pretende darte lecciones de vida: 
"La única forma de avanzar es enfrentarse a los miedos y superarlos, ver que no pasa nada".
"La vida real está llena de desencuentros, y no pasa nada. No hay que hacerse el harakiri por ello".
"Cuanto más te enfrentas, más fuerte te haces, cuanto menos te enfrentas, más débil".

Todo eso no me sirve de nada. De echo, me hacen sentir peor. Me hacen sentir como una boba, como una inmadura. Racionalmente entiendo que me puedo ofuscar por tonterías -para los demás-, pero no puedo modular, ni trivializar la sensación de malestar que me producen las situaciones que no puedo controlar, que no se me acomodan, que no entiendo. 

Alguna persona ha atribuido "suspicacia" a mi actitud  de malestar profundo ("eres una exagerada"), pero no es suspicacia, es una hipersensibilidad emocional profunda. De la misma manera que una persona con una hipersensibilidad al ruido tiene que alejarse de esos entornos, yo tengo que alejarme de los entornos SOCIALES abrumadores, confusos, tensos, pues me producen  frustración e incomodidad intensa que somatizo con palpitaciones, dolores de cabeza. 

Necesito alejarme de la gente: de sus comentarios, de sus miradas, de sus actitudes, de sus intenciones, de sus acciones ya que todo ello entra en mí como si fueran espadas que se clavan en lo mas profundo y dejan heridas que tardan en curar. Cuando me aíslo, cuando huyo es para curar las heridas emocionales que me produce los "efectos de estar con gente". 

No soy suspicaz. Suspicacia conlleva "sospecha", "recelo", "desconfianza" y no es eso lo que siento cuando "exagero" o "malinterpreto" la conducta de los demás, o cuando "magnifico" mis propias emociones o sensaciones de malestar. 

No soy suspicaz. No pienso que los demás están contra mí, que me quieren hacer daño... ¡¡¡¡nooooo!!!, no siento desconfianza hacia los demás. Es algo diferente. Yo lo siento más como una "Hipersensibilidad Emocional": 

Las miradas y caras serias o neutras no las interpreto bien y, en esas situaciones, tiendo a estar tensa porque no se que puede estar pasando. Me preguntaré qué te pasa, si lo que te pasa es por mi culpa, si he hecho algo mal, si no he hecho algo que debería haber hecho y me meteré en un bucle infinito martirizándome. Me culpabilizaré sin saber de qué me tengo que culpabilizar. Es como vivir en un laberinto mental.

Las sugerencias, las críticas, las rectificaciones las vivo, las siento como una humillación. "¿Cómo es posible que yo misma no me haya dado cuenta de los errores?". Me cuesta aceptar mis errores... lo reconozco, pues eso me hace pensar que soy mediocre. Me siento como una inútil. Mi autoestima se derrumba. 

Una llamada la siento como una "orden imperativa" y una invasión a mi introspección. Me viene a la mente alguna situación trivial como cuando, estando inbuida en mis pesquisas mentales, mi marido me ha llamado: "XXXXX ven"... así, ¡¡¡de repente!!! Imaginaros mi reacción. 

En esas situaciones,  siento como un chispazo en la cabeza, a modo de "detonador" y salto gritando: ¨¡¡¡¡QUÉ QUIERES!!! acercándome a él terriblemente enfadada. Entonces, él me dice: "Mira, en la tele están hablando de......." (de mi tema de interés). Es, entonces, al percatarme del contexto, cuando me doy cuenta de que he  "exagerado" su tono y no he interpretado bien su intención. 

Ahora me doy cuenta de que mi cerebro, a veces, "me engaña" ("magnifica" tonos de voz, "distorsiona" intenciones), pero antes no era capaz de darme cuenta de ello. Me quedaba enganchada a la emoción intensa de "fastidio", de "malestar"... no se como describirlo. 

Pero no es suspicacia: no tengo pensamientos retorcidos atribuyendo mala intención a mi marido, no pienso que quiera hacerme daño, es algo mas simple, más inmediato: no identifico bien su intención porque su tono prosódico lo percibo como un grito y su tono emocional lo siento como una imposición, no como una sugerencia. Cuando analizo el contexto -a posteriori- es cuando me percato de que no era él ("no era una imposición"), sino de que era yo la que no había ajustado su intención.

Es eso... no ajusto, no interpreto bien su intención porque no modulo su tono - ni  prosódico, ni emocional-. Lo que percibo no se ajusta a mi representación mental; es decir, a lo que yo entiendo, identifico, interpreto como "sugerencia". Tal vez -reflexiono ahora- su representación o esquema mental de "sugerencia" no sea la misma que la mía. 

Por otro lado, mi reacción ("de enfado") puede llegar a ser desproporcionada porque tampoco regulo mi emoción de malestar... En esas situaciones, mis emociones palpitan, saltan, gritan, se desmelenan y ya no se puede hacer nada con ellas, sino esperar a que vuelvan a su sitio. Mis estallidos suelen ser internos; explosiono pocas veces, pero la explosión interna es duradera, duradera, duradera e intensa....

Las relaciones con las personas son imprevisibles y sus comentarios, conductas -triviales para otras personas- me pueden resultar dolorosas (críticas, ironías, bromas...). Es como vivir en alerta todo el tiempo. Mi refugio: el mundo de las ideas. 

miércoles, 17 de enero de 2018

La Envidia o la Frustración por no ser Perfecta.


Esta mañana me preguntaron si he sentido envidia y, la verdad, tuve que tomarme unos laaaargos segundos para responder. Tras pensar en ello con el propósito de ser lo más honesta posible, llegué a la conclusión de que si, de que he sentido y siento envidia. He sentido envidia por los superpoderes que no tengo y que pienso que tienen otros.

Me daba envidia el cuerpo espectacular de Elisabeth,
Me daban envidia las notas de Isabel, la "primera de la clase",
Me da envidia la personalidad neurotípica y equilibrada de Maria,
Me da envidia el éxito de compañeros de profesión...

Envidio a las personas que, de una u otra forma, admiro. 

Siento envidia y, no lo voy a negar, me reconcome porque el éxito de los otros me recuerda mi mediocridad, mi imperfección y es muy doloroso saber que eres gris, anodina cuando tienes una mente orgullosa, rígidamente orgullosa que no te permite "ser menos".

Si.. siento envidia, pero no inquina, aversión, antipatía hacia esas personas, ni les he deseado nada malo. Nunca he malmetido hacia esas personas que yo sea consciente. Pero la presencia de esas personas me hacen sentir pequeña y eso me produce mucha inseguridad y frustración. Entonces es cuando suelo: 
  • Huir: Alejarme para no sentir la frustración de mi mediocridad, de mi pequeñez.
  • Admirar: Llorar y flagelarme a solas por sentirme inferior.
  • Aceptar con dolor: autoconvenciéndome de que soy mediocre y no hay nada que hacer. La resignación que lleva a la humildad, a una humildad enfermiza.

La envidia y el orgullo son lo que me han movido a mejorar. La sensación de mediocridad es tan dolorosa que se torna insoportable; por lo que lo único que se puede hacer es intentar ser mejor, lo mejor que se pueda ser.

La envidia y el orgullo quedan ocultas en un halo de humildad, de una ficticia humildad que esconde la frustración por no llegar a la perfección.

Si te envidio es que te admiro. 
Tu éxito me recuerda mi fracaso,
y eso... es muy doloroso.


domingo, 31 de diciembre de 2017

Los otros



No siento enojo, ni animadversión, ni tengo sentimiento de resarcimiento hacia los otros, hacia los "comunes". 

Es cierto que me ha costado integrarme en el mundo mágico del ser humano y que me he sentido excluida en demasiadas situaciones; pero -como he comentado de soslayo, en alguna entrada del blog- no puedo culpar a los otros, a los "comunes". 

Si, es cierto que algunas personas, con sus ironías malvadas me lo han hecho pasar mal, muy mal y que en un momento sufrí de acoso -yo diría que sexual porque fueron los chicos quienes se metieron conmigo-. 

Si, es cierto que hay personas que me han usado cuando no tenían a nadie más. Estaban aquellas "amigas" que te venían a buscar -a modo de relleno- cuando no tenían a nadie más. 

Si, es cierto que se han aprovechado de mi ingenuidad -incluso ahora- y que en algunas ocasiones me he sentido como un "profesional de segunda" que acude al rescate cuando se lo piden por no saber decir que "no". 

Si, es cierto que hay gente maliciosa; pero, la verdad, es que no siento odio ni rencor por nadie. 

Debo, en contrapartida, pensar en todos aquellos "comunes" que han confiado en mí, que me han intentado ayudar, que me han intentado integrar y que yo no he sabido/podido aceptar. 

En esta categoría recuerdo a una de mis profesoras en el instituto que viendo algo en mi un día se me acercó y me ofreció su ayuda. Mi orgullo denegó esa ayuda. Ella, a su manera me ayudó: debió de presionar al resto de profesorado para que me aprobaran y así poder acceder a la selectividad. Gracias a ella tuve la oportunidad de acceder a la universidad. 

En esta categoría recuerdo también a otra profesora en la universidad que, confiando en mi trabajo, me propuso participar en su equipo de investigación y hacer el doctorado, a pesar de que mi nota media era relativamente mediocre. 

En esta categoria puedo nombrar a otras personas "comunes" que, sin llegar a ser "amistades íntimas" sé que me aprecian y que si las necesitara allí estarían, como lo estaría yo por ellas. 

Mi exclusión, durante la infancia, no fue malintencionada por las demás compañeras. De echo, algunas de ellas hicieron verdaderos esfuerzos por integrarme. Me venían a buscar en los momentos de patio, se acercaban a mí. Era yo la que no sabía qué hacer cuando otra persona se me acercaba. 

Eso mismo me ha pasado esta semana. En un encuentro social con "comunes", ellos se dirigían a mí, me miraban para hacerme participar en la conversación. Sé que los demás hacen esfuerzos por integrarme, pero soy yo la que no puede seguir ese flujo social... Soy yo. No puedo culpabilizar a los otros...

No siento rencor, ni rabia. En realidad siento envidia hacia ellos... Ellos tienen el privilegio de pertenecer al mundo mágico de "lo social" con sus ventajas e inconvenientes -me imagino-, pero mágico. Sé que ese mundo está vetado para mí. Ya he intentado montones de veces acceder a él y si... he estado allí, pero no tengo la llave para disfrutar como lo hacen los otros, para "conectar". 

Si... no lo negaré. Me da tristeza no pertenecer a ese mundo fantástico de lo social al estilo "común". Cuando les veo disfrutar me da mucha envidia, tristeza y frustración. Envidia por no poder sentir esa alegría y espontaneidad al relacionarse con otros que no tiene fin, tristeza porque al verlos reír me hacen pensar en todo lo que me pierdo y frustración porque con todos los esfuerzos que hago no consigo llegar a ellos. Cuando huyo de ellos es para evitar esos sentimientos de tristeza y frustración que me recuerdan lo inútil social que soy.  De verdad, no siento resentimiento hacia los otros, ¡¡¡de verdad!!!.. En el fondo, me dan envidia, "envidia sana". 

Comunes: 
Disfrutad de vuestros superpoderes sociales. 
Tenéis un gran regalo de vida, no los desaprovechéis. 


sábado, 30 de diciembre de 2017

La invisibilidad o como ser "Nadie"




Me preguntan sobre mi infancia, si mis dificultades para manejarme en el mundo social también se daban entonces. Yo diría que entonces eran muy evidentes, pero que nadie las vio.

¿Por qué no vieron nada?

¿Por mi gran habilidad para pasar desapercibida?, ¿Por mi gran capacidad para ocultar mis dificultades? 
NO

¿Ocultar?, ¿Camuflar?, ¡¡Yo no sabía ocultar!! Yo no sabia que podía copiar para mimetizarme o camuflar...

Estaba muy claro, pero nadie veía las señales. Yo era una niña invisible:

¡¡No molestaba!!

Pero no siempre fue así. Me recuerdo hasta los seis años como una niña "espabilada", risueña, deshinibida, aunque también muy independiente. No necesitaba de nadie para entretenerme. Yo solita me servía, pero si venía algún niño a jugar también me lo pasaba bien. Recuerdo jugar en el patio de casa de mi tía con un vecinito que venía de vez en cuando y me lo pasaba bien con él buscando a mi tortuga entre las piedras, correteando, etc. Pero sin él también me entretenía sin problemas. 

Desde los tres a los seis años estuve viviendo con mi tía paterna tras la muerte de mi madre. Para mi no fue una época triste, sino todo lo contrario. Vivir con mis tíos me dio una estabilidad y tranquilidad que no recuerdo de otro momento vital. Por entonces, me recuerdo como una niña vivaracha, ágil y también algo terca. Me cuentan que, solía subir a la casa de la vecina a supervisar si había hecho las tareas domésticas: si había hecho las camas, si estaba preparando la comida, si tenía la casa aseada. Yo debía de ser algo así como un inspector de las normas del buen hacer... Me lo han contando como una anécdota divertida sobre mí , pero yo lo recuerdo como algo serio. Yo no subía a casa de la vecina para hacerla reír. Yo iba a comprobar si estaba cumpliendo con su deber... Me imagino, que para los demás debía de ser algo divertido que una renacuaja de unos cuatro o cinco años asumiera el papel de inspector de la tribu. 

Esa niña alegre, avispada desapreció de repente a los seis años. A los seis años, con la entrada en el colegio todo cambió. El primer día que fui al colegio -esto ya lo he comentado en otras entradas del blog- me perdí. Me perdí físicamente en el colegio. No sabía qué hacía allí, que tenía que hacer y... desde ese día me perdí física y mentalmente. No entendía nada. 

Hasta entonces, mi vida social con mis tíos era muy simple y anticipable. Siempre se hacía lo mismo. Mi tía mantenía una rutina estricta que proporcionaba orden a la vida. Era poco comunicativa y cariñosa, pero me daba mucha seguridad. Mi tío era el divertido y me hacía rabiar -en broma-. Yo vivía en un mundo sencillo que olía a limpio, a orden, a calma y a espacio. No recuerdo jugar con niños, pero como he dicho, creo que no los he necesitado. 

La entrada al colegio fue como una abducción. Verme envuelta de repente en un mundo caótico, con muchas niñas que no conocía y que no sabía que hacer con ellas. Fue como un "estrés postraumatico". A partir de ese día me paralice, literalmente, me paralicé. Nunca he tenido estereotipias que me pudieran ayudar a exteriorizar la tensión. Al revés, mi cuerpo dejó de moverse. Necesitaba de las instrucciones externas -a modo de robot- para estar en el mundo. Me costó mucho usar la estrategia de "copiar" a los demás. Empecé a copiar rutinas muy claras; por ejemplo, salir al patio cuando sonaba el timbre o cuando la profesora lo decía, ir a casa cuando sonaba el timbre -también- para marchar, etc. Pero no supe copiar "conductas sociales". Recuerdo los momentos "entre clases" en los que las compañeras se levantaban para hacer corrillo y socializar hasta que llegaba la profesora. Yo, en esos momentos seguía clavada en la silla sin saber que hacer. Nunca me acerqué a los círculos de las otras niñas. Era como estar, literalmente, clavada en la silla. No era una timidez -eso me costó mucho hacérselo entender a una de las psiquiatras súper expertas con la que consulté-. Era algo tan simple y profundo como: no entender qué hacían ellas y no saber qué podía yo hacer, qué decir. Era como tener el disco duro de mi mente sin datos... "en blanco". Así pasó toda mi infancia... Yo era la "niña fantasma". 

¿Cómo es ser una "niña fantasma"? 

Es triste, muy triste. Más que triste, es angustiante. Es como estar solo en el universo de por vida. No tengo la suficiente fluidez verbal como para explicar lo difícil que fue vivir en la más absoluta soledad. Lo mas triste era verlas a ellas reír y pasárselo bien. Yo no podía entrar en ese mundo social que me parecía mágico. ¿Por qué yo no tenía la llave para entrar en ese mundo mágico?, ¿Por qué yo si en mis genes tenía a aquella niña vivaracha y risueña?, ¿qué pasó con aquella niña avispada, alegre?... Desapareció de la noche al día. Nunca más la recuperé. 

Nunca fui una niña "simpática", "divertida". Socialmente no era alguien atrayente para invitarme a jugar... pero, ¿cómo iban a invitar a jugar a alguien que no existía?. En los momentos del patio solía estar sola y permanecía sentada en las gradas esperando que sonara la sirena para la vuelta a clase. Algunas compañeras me invitaban a jugar. A veces iba y otras veces no. No porque no quisiera ir con ellas a "integrarme" en ese mundo mágico de las risas, sino porque era consciente -ya entonces- de mi ineptitud social, de no saber cómo manejarme en el flujo social y eso me generaba mucha tensión y me quedaba, de nuevo, paralizada. Tengo que reconocer que mis compañeras no han sido malas conmigo y que, incluso, han intentado integrarme. He sido yo quien no ha podido integrarse en ese mundo mágico al que pertenecían los otros. Ese mundo se me hacía grande.. y se me sigue haciendo grande. En el fondo, no ha cambiado nada. 

De pequeña fui una niña "invisible" porque no molestaba. Nadie vio nada porque era una niña muy buena, sacaba buenas notas, no llamaba la atención, no era nada conflictiva. Tampoco participaba en clase, ni era comunicativa. Solía permanecer todo el tiempo callada. Solo hablaba si alguien me preguntaba algo directamente y yo respondía de forma lacónica -si respondía-. Pero... era buena y ¡¡¡sacaba buenas notas!!!. Así que NADIE VIO NADA. 

Qué.. ¿Cómo fue mi infancia -y mi adolescencia y mi adustez-?. Pues, un horror. He ido pasando por el mundo como un fantasma: "estaba, pero no me veían".

Os puedo asegurar que no es nada gratificante ser un "fantasma". Estar al lado de otros y no ser nadie... Es un horror. No negaré que por mi mente han pasado ideas negras de abandono... Entonces, el tiempo se pasaba lento, muy lento y todos los días sentía la nada, la angustia. Ha sido horrible. Sigue siéndolo, pero ahora escojo, más a menudo, los momentos sociales en los que participar. Todavía sigo siendo un fantasma en algunos encuentros sociales y sigo sintiendo el mismo abismo, el mismo vértigo, la misma rabia contenida, la misma profunda tristeza... 

Cuando te faltan los mecanismos de "humanización" propios de la especie... o te aíslas de ellos (de los humanos) para no sentirte inútil o buscas otros seres alejados, también, de la especie para no sentirte tan solo.


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Mi gran problema: la "Anticipación Social"



No tengo problemas de anticipación ambiental o física, como a los cambios de ruta, de lugar, etc. Mi gran problema es la "anticipación social"; es decir, saber como "moverme" en la fluidez de los eventos sociales, sobre todo, si son grupales.  

Ayer, mi marido me dijo de ir a comer con sus padres y aunque no me hacia mucha gracia, con resignación, le dije que si. Pero, hoy, justo antes de salir me entero que además van a asistir más personas: varios de sus hermanos con sus hijas y novios... La cosa, pues, cambiaba mucho a la idea que tenía en la mente. Sabía que improvisar "ser social" durante unas cuantas horas con sus padres me iba a ser difícil y agotador, pero factible.  No obstante, pensar en cómo estar con un grupo de gente... eso ya me ha superado. Me ha invadido un sentimiento de ira y angustia tremendo. De camino a casa de sus padres hemos parado a comprar unos refrescos. Mientras él ha salido a comprar, yo me he quedado en el coche esperándole e intentado apaciguar la angustia que me roía por dentro, pero no he podido. Me he quedado como paralizada. No he estallado como otras veces, simplemente, me he quedado como inerte. Cuando él ha vuelto, al verme en ese estado, me ha sugerido que no fuera, a lo que he accedido sin más. Hemos dado media vuelta y me ha dejado en casa.

No he podido hacerme a la idea de tener que lidiar con tanta gente, en un lugar bullicioso, con relaciones superficiales que me colapsan. Yo solo pensaba en qué poder hacer para aguantar entre 7-8 horas en aquella situación. Ya ni siquiera disponía de fuerzas para guinizar qué decir e intentar "aparentar" ser social. Solo pensaba en cómo poder aguantar tantas horas sin romperme por dentro. La opción de quedarme en casa ha sido mi salvación.

Al final he vuelto a casa con un sentimiento inicial de culpa por no haber podido  cumplir con el deber social de tener que reunirme con su familia. Se que es una obligación social, que aunque no sea del agrado de uno, se tiene que hacer... es un convencionalismo social que tienes que cumplir cuando decides compartir la vida con otro ser. Se que los demás pueden atribuir mala intención, atribuir que no quiero ir a verles. Pero, después de unos 27 años cumpliendo con las normas sociales, mejor dicho, aguantándolas, sufriéndolas, mi mente ha dicho BASTA y creo que BASTA PARA SIEMPRE.

No es un problema de anticipación ambiental... se DONDE tengo que ir, conozco el lugar, el trayecto. Es un problema de anticipación social, sobre todo, de situaciones grupales convencionales, triviales. En los encuentros sociales me puedo bloquear pues no se cómo seguir el hilo social con gente que, aunque conocida, me resulta imprevisible y caótica. No hay patrones identificables a los  que me pueda aferrar.